Saúl’s Story: Puente Volunteer Surprises Everyone | La Historia de Saúl: Voluntario de Puente Sorprende a Todos

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Left to right: Benjamin Ranz, Saúl Armenta, Charlea Binford, Joaquin Vargas

Saúl Armenta came to Pescadero from Michoacán at the tender age of 20, intending to stay a few years, make some money as a farm worker, and return home to take care of his family. If you had shown that 20-year-old a vision of his present self at 37, he wouldn’t have believed his eyes.

Seventeen years on, Saúl still lives in Pescadero. That formerly isolated young man, who arrived not knowing a soul or a word of English, stands as a leader among newcomers and an example of their own potential. After years of taking ESL through Puente, Saúl speaks enough English to be self-employed. He is surrounded by close friends who respect him.

He is also one of Puente’s best-loved and most loyal volunteers.

“He doesn’t have any reason to be around Puente as much as he is. Especially on the weekends. He could be making money or having fun and yet, he is here helping so often,” laughs Rita Mancera, Puente’s Executive Director.

But that’s Saúl for you. Name a Puente program he attended: he’s the one who stayed late to help clean up afterwards. Point to a piece of office furniture or the carpet, or the sink — there’s a good chance Saúl has moved, fixed, or installed it with his own tools, just because he wanted to help.

He has also taken it upon himself to proselytize Puente’s ESL classes to the Mexican newcomers in his circle. He has enrolled so many of them that Puente’s teachers have lost count. “Oh, you’re one of Saúl’s,” they say with a smile.

What accounts for Saúl’s attitude? “My mom and dad raised me old-fashioned. I’m in the belief that you help and God helps you,” he says, humbly.

But there’s more to this story. Sit down with Saúl and you will notice eyes that twinkle and an impish grin, which he sometimes hides behind a hand when he speaks. He has a competitive streak and takes pride in accomplishing his goals – and then tackling new ones. He developed his English to a point where he could graduate from farm work to yard work and carpentry, and he has already built a large house in Mexico with the money he earned (it waits for him, empty; he pays someone to clean it).

“I like to be competitive and do well. I want things to be fair. When I have a goal to reach, I do it without cheating,” says Saúl.

Growing up in Michoacan, Saúl and his older brother Cesar competed for everything – their parents’ approval, or the best job. Their competition lasted into adulthood. Ask him now who’s winning, and he’ll pause. “I don’t know,” he says. “It’s been 13 years since I’ve seen him.”

Here in Pescadero, he playfully competed with Puente staff members Ben Ranz and Charlea Binford when the three of them went to visit ranches to try to enroll people in Puente’s adult education programs.

“To convince [them] to come to school is really hard. I have to fight with them, but I’m happy to do that,” he says, laughing.

It’s hard for anyone to say no to someone so fearless and persuasive, says Ben Ranz. “It’s compelling for him to go up to a 20-year-old guy on a Brussels sprouts field and say, ‘Look man, I was you… and now I have this great job and two cars, and you can be me too.’”

For his extraordinary efforts on behalf of the community, Saúl received Puente’s Outstanding Volunteer Award at the 2016 Fall Harvest Fundraiser.

“He’s just a caring, loyal guy,” says Ranz, Puente’s Community Outreach Coordinator. The two men are close friends who initially bonded over a love of tinkering with cars. They have fixed and built a lot of things together at Puente. “It’s something we have in common – it feels good to be wanted and needed,” Ranz says. “He’s just a really dependable friend. I feel lucky to have gotten to know him.”

Saúl was an obvious choice for the Puente award, but he was shocked by the recognition. “It was big for me. It was so sudden. I like to stand out, but I didn’t know I would stand out this much,” he says.

Saúl has four sisters and five brothers. Some live in California. The last time the whole family was reunited was in 2001, when their father passed away. Things changed after that. “My first goal was to work here in Pescadero and return after three years. When my dad died, my goal changed to helping my mom and my younger siblings,” he says. Saúl’s youngest sister and mother have medical issues. He has paid for surgeries for both of them.

It was never Saúl’s plan to build a life in Pescadero. But 17 years later, his circle of friends is a testament to the ability to do just that.

Puente’s adult education programming happens because of volunteers and donors like you. Make a new or additional donation today and have it triple matched, dollar-for-dollar!

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Saúl Armenta vino a Pescadero desde Michoacán a la tierna edad de 20 años con la intención de quedarse unos pocos años, ahorrar algo de dinero como trabajador en un rancho y volver a casa para cuidar de su familia. Si le hubieras mostrado a ese veinteañero una visión de su presente con 37, no hubiera podido creer lo que veían sus ojos.

17 años más tarde, Saúl todavía vive en Pescadero. Ese joven antaño aislado, que llegó sin conocer a nadie o saber una palabra de inglés, se ha erigido como líder entre los recién llegados y como ejemplo de su potencial. Después de años recibiendo clases de inglés (ESL) en Puente, Saúl habla suficiente inglés para estar empleado por cuenta propia. Está rodeado de amigos cercanos que lo respetan.

También es uno de los voluntarios más queridos y leales de Puente.

“No tiene ningún motivo para estar en Puente tanto como está. Especialmente los fines de semana. Podría estar ganando dinero o pasándoselo bien”, dice Rita Mancera, Directora Ejecutiva de Puente, con una sonrisa.

Pero ahí tienes a Saúl para ti. Nombre un programa de Puente al que él asistió: él es el que se quedó tarde para ayudar a limpiar después. Señale un mueble de oficina o la alfombra, o el fregadero – hay muchas posibilidades de que Saúl lo haya movido, arreglado o instalado con sus propias herramientas, simplemente porque quería ayudar.

También ha asumido la tarea de divulgar las clases de inglés (ESL) de Puente a los recién llegados mexicanos en su círculo. Ha inscrito a tantos de ellos que los maestros de Puente han perdido la cuenta. “Ah, tú eres uno de los de Saúl”, dicen con una sonrisa.

¿Cómo se explica la actitud de Saúl? “Mi madre y mi padre me educaron a la antigua. Yo tengo la creencia de que si ayudas, Dios te ayuda”, dice con humildad.

Pero hay algo más en esta historia. Siéntese con Saúl y se dará cuenta de que sus ojos pestañean y tiene una sonrisa pícara que a veces se esconde tras su mano cuando habla. Tiene una vena competitiva y se enorgullece de lograr sus metas – para entonces enfrentarse a otras nuevas. Desarrolló su inglés hasta el punto de que pudo dejar el trabajo en el rancho y pasar a trabajos de jardinería y carpintería, y ya ha construido una gran casa en México con el dinero que ha ganado (le espera vacía; le paga a alguien para que la limpie).

“Me gusta ser competitivo y que me salgan las cosas bien. Quiero que las cosas sean justas. Cuando tengo una meta que alcanzar, lo hago sin trampa”, dice Saúl.

Habiendo crecido en Michoacán, Saúl y su hermano mayor César competían por todo – la aprobación de sus padres o al mejor trabajo. Su competición llegó hasta la adultez. Pregúntele ahora quien está ganando, y se quedará pausado. “No lo sé, han pasado 13 años desde que lo vi”, dice.

Aquí en Pescadero ha competido alegremente con los miembros de Puente Ben Ranz y Charlea Binford cuando los tres fueron a visitar los ranchos para tratar de inscribir a personas en los programas de educación de adultos de Puente.

“Convencer a [ellos] de que vengan a la escuela es muy duro. Tengo que luchar con ellos, pero estoy encantado de hacerlo”, dice riéndose.

Es difícil para cualquiera decir que no a alguien tan valiente y persuasivo, dice Ben Ranz. “Es algo que le anima, el ir a hablar con un muchacho de 20 años en un campo de coles de Bruselas y decirle: mira hombre, yo era como tú… Y ahora tengo este fabuloso trabajo y dos carros, y tú puedes ser como yo”.

Por sus extraordinarios esfuerzos en nombre de la comunidad, Saúl recibió el Premio al Voluntario Destacado de Puente en la Fiesta de la Cosecha para la recogida de fondos en el otoño de 2016.

“Es un tipo preocupado y leal”, dice Ranz, coordinador de apoyo comunitario de Puente. Los dos son amigos cercanos que empezaron su amistad por el amor a experimentar con autos. Ambos han arreglado y construido muchas cosas juntos en Puente. “Es algo que tenemos en común – ser querido y necesitado es algo que te hace sentir muy bien”, dice Ranz. “Es un amigo realmente fiable. Me siento afortunado de haberlo conocido”.

Saúl fue una elección clara para el premio de Puente, pero a él le sorprendió mucho este reconocimiento. “Fue algo muy grande para mí. Fue tan de repente. Me gusta destacar, pero no sabía que destacaría tanto”, dice.

Saúl tiene cuatro hermanas y cinco hermanos. Algunos viven en California. La última vez que la familia al completo se reunió fue en 2001, cuando su padre falleció. Las cosas cambiaron después. “Mi primera meta era trabajar aquí en Pescadero y volver después de tres años. Cuando mi padre murió, mi meta cambió para ayudar a mi madre y a mis hermanos pequeños”, dice. La hermana más pequeña de Saúl y su madre tienen problemas de salud. Él ha pagado las cirugías de ambas.

Nunca fue el plan de Saúl construir una vida en Pescadero. Pero 17 años más tarde, su círculo de amigos es un testamento de su habilidad para hacerlo.

La programación de educación para adultos de Puente ocurre debido a voluntarios y donantes como usted. ¡Haga una donación nueva o adicional hoy y triplicadala, dólar por dólar!

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